Unos ojos bonitos, sonrisas, caricias, unas cuantas cervezas, quizá una charla amena y después comienza el espectáculo.
Él se acerca a ti, la tensión es tanta pero no puedes evitar mirarlo a los ojos, mientras eso sucede sientes como los latidos de tu corazón se aceleran. Hubo afinidad, hay interés. Hay atracción, ya sea física o intelectual o ambas, y esto es lo que puede ser mortal: AMBAS.
Mientras él dice que le gusta tu pelo o que le fascina el color de tus ojos, se va acercando aún más, aunque lentamente lo sientes, lo sabes y no dudas lo que viene. Lo esperas con ansias.
Te besa, se besan, están los nervios a flor de piel. Piensas tantas cosas y… te congelas, te dejas llevar, te gusta y eso a su vez te puede asustar.
El beso tarde o temprano tiene que terminar. Después de unas caricias sutiles por tu cadera, por tu espalda y tu cuello, tímidamente lo ves a los ojos y le sonríes. Te ha encantado y él lo sabe.
Entrelaza sus dedos con los tuyos, te dice lo mucho que le gustas, y eso te hace sentir sumamente genial … te vuelve a besar.
Pero hay algo que no sabes: él es un patán.
