Capítulo 6. ¿Un nuevo comienzo?

Poescritos

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En este lugar, cada vez más sombrío y marchito, no ha parado de llover.

Tormentas han ido y venido, mas la calma aún no llega. Ya no espero nada.

No salgo de casa, y las provisiones de un mes se están acabando, aunque honestamente me tiene sin cuidado.

Sólo hice un alboroto cuando se terminó el té chai, mi favorito, y el único.

Rompí en llanto, (evito mencionarme que quizá eso no fue por el té), pero me repuse, como siempre lo hago.

a-cup-of-coffee-399478_960_720Ahora he adoptado la costumbre de preparar café diariamente: una vez al día, ya sin azúcar (también se agotó); sin embargo he aprendido a disfrutar de su sabor amargo. A todo se acostumbra uno: a la ausencia, al dolor, a las tormentas “interminables”… Las circunstancias te obligan, te dan escasas opciones y yo, yo pues opto por adaptarme al cambio, ya aprendí la lección.

A las 6 de la tarde me despido de la cocina y, con mi taza y un libro en mano, me dirijo al ventanal de la habitación que en teoría es mía, no obstante ya no tengo sentido de propiedad así que me da igual.

A veces duermo en el sofá de la sala o en algún rincón de la cocina, incluso he llegado a recostarme en la alfombra que está en la entrada de la casa, es suave; pero es en esa habitación (con un balcón al que no he podido salir), donde últimamente paso la mayoría del tiempo y a la que empiezo a llamar el “fuerte”.

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Cuando entro, avanzo como dos metros y me detengo: observo a través del cristal como cae la feroz lluvia y se estrella contra el suelo; sin darme cuenta cierro los ojos y escucho atentamente el sonido que hace… hasta que me pierdo en mi ensimismamiento.

Cuando me recupero, estoy recargada en el marco de madera de la ventana y el cristal está empañado por el vapor del café, escribo y enseguida me arrepiento, prefiero omitir ese momento y dejar de pensar, pero me es inevitable.

Antes de cualquier cosa me acomodo plácidamente en el alfeizar que he convertido en mi improvisado y descuidado lugar de “descanso”, doy sorbos a mi café y de vez en cuando le doy una hojeada al libro que descansa sobre mis piernas: una novela británica… hasta que me sorprende la noche.morning-262423_960_720

Dicen que para poder seguir adelante hay que comenzar de nuevo y se supone que es lo que estoy haciendo, aunque a veces me pregunto qué hago aquí, la rutina empieza a tornarse agotadora, nada nuevo, hasta la lluvia parece igual,  pero, creo que la prefiero a dormir todo el día, ya me aburrí de eso.

Algunas ocasiones siento que estoy encerrada en un bucle de tiempo, el mismo día, las mismas acciones, los mismos sentimientos…

Estoy cansada. De vez en cuando platico con este triste ventanal y en ocasiones, en contra de su voluntad  me susurra y me dice cómo se siente, por eso sé que está triste.

Intentó reconfortarlo y paso mis manos en lo que alcanzo a tocar de él, aunque parece que termino acariciando mi reflejo.

En cualquier momento puede romperse, aunque está hecho de buen material es frágil. Las apariencias engañan.

Pero aun así no pierde la oportunidad para reprenderme cuando puede, es intolerable, por eso he optado por cambiar de estrategia. Ya no hablo tanto sobre mí, lo peor que puedes hacer es mostrar tus debilidades, el tiempo me lo ha enseñado.

alarm-clock-1193291_960_720Así que en su lugar le hablo sobre la Elizabeth Bennet de Jane Austen. Está dando frutos.

Nos transportamos a otra época y nos olvidamos del presente por un buen rato.

Y cuando insiste en adentrarse en mí, le recuerdo donde está: inamovible, con una vista horrenda, en un remoto lugar… volvemos al libro.

Pero sólo escapamos por un momento, la realidad de la fría madrugada nos atrapa y voy hacia la cama para tomar una frazada y mientras discierno sobre en donde dormir, el sueño me envuelve, espanta al llanto a punto de salir y caigo rendida en ese mueble.

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