Tardé toda una vuelta al sol, un eclipse, noches en vela, sismos devastadores, unos cuantos huracanes, dos inviernos, dolor en el pecho, ansiedad, silencio, 375 lunas y tu hosquedad para entender lo evidente: no somos, nunca fuimos, jamás seremos.
(Casi nada de tiempo.
Al fin, hoy te desquiero.)
Me tomó toda tu cobardía, los innumerables «hablamos luego», los desplantes, las mentiras, la insistencia, tu lejania… hasta comprenderlo.
(Lo he decido. Te desquiero)
También me costó lagrimas, mensajes enviados, llamadas sin contestar, apatía, confusión, un poco de humillación, el frío en tu corazón, la falta de calidez, sexo una vez al mes.
(Cosas sin importancia.
No es por ello, pero te desquiero)
Te desquiero por todo este tiempo, por salud mental, por amor propio, por que se acabaron las ganas de esperar.
Te desquiero porque estoy dejando ir, porque ya no hay a donde huir, porque se acabaron los por qué.
Te desquiero por que me cansé, porqué el tiempo pasó, porqué me dolió, porque el desencantó llegó.
(Gracias).
Sin mirar atrás, más para nuestro bien que para mal, te desquiero con todo lo que me costó, sin despedidas, sin reclamos, sin decir adiós.
