Te libero de mí, de mi forma de querer, de está manera tan confusa de expresarme, sobre todo lo desesperante que puede ser esperarme, pero ¿acaso lo haces?
Te libero de mis malos ratos, de los recuerdos ingratos, te liberó del tiempo, de mis expectativas, de los anhelos y las dádivas perdidas.
Te libero de mi rima constante, del deseo asfixiante, de las cosas rotas, de los gritos y la esperanza tonta.
Te libero de la llegada, de las despedidas, de lo abrumador que puede ser compartir con otra vida. De las malditas huidas y venidas.
Te libero de la inconstancia, de la forma abrupta de besarte, te libero de nada, porque en realidad nunca has estado atado a pensarme.
Lo libero a usted, de estas palabras escritas durante un par de cervezas y la tormenta de martes.
Lo libero de las letras que se niegan a quedarse (como él), de lo desgarrador que puede ser intentar amarme.
Pero yo, ¿me libero de ti, de él, de un nosotros, de la vil mentira, de lo cruel que se vuelve la vida?
