Mírame a los ojos cuando hablo
y me desnudo en mis palabras
a veces torpes, fieras o grandifrecuentes
con maestría, dependiendo del día, sobre todo si es lunes
porque es cuando lo tengo todo y también cuando lo pierdo
cuando los silencios se adueñan del espacio, de mi aire,
del tuyo que ya no alcanza a nombrarme
cuando mis lágrimas están a punto de caer
pero mi orgullo sale en defensa propia e incluso, algunas veces
llena mi boca de maldiciones usadas en tu contra.
Mírame, escucha lo que tengo que decir, después de haber callado
los momentos que nos trajeron hasta aquí
sólo no me veas llorar con indiferencia, si es así mejor vete
sal, corre, huye lejos donde puedan hacerte sentir persona
y vergüenza, y amor, y pena, y alegría
donde puedan hacerte sentir que existes, que lo eres y también que no,
pero que es suficiente, que eres tú y eso es lo que importa.
Así que Mírame, mírame, que estoy aquí, enfrente, contra ti,
a tu lado, jalando del hilo, remendando. Suplicando.
Moviendo mi corazón a través de mis labios y no sólo para que tú pretendas escucharlo.
