¿Recuerdas las incontables ocasiones en que fingí tu muerte? Negar tu existencia ya no servía.
¿Alcanzaste a leer la carta donde te describía a detalle lo fácil que era para mí? Ansiaba verte a los ojos y que te doliera.
Justo un año atrás… ¿Lo supiste?
La gente me preguntaba por ti y se me fue haciendo costumbre decir que habías muerto. Justo así de rápido como se aprenden los malos hábitos.
Se acababan las preguntas y yo disfrutaba ver la cara de aflicción que ponía mi interlocutor.
«Yo ganaba… Me volvía sádica».
Disfrutaba del dolor ajeno mientras ignoraba el mío, ese que permanecía imperceptible pero al final de cuentas estaba ahí.
¿Recuerdas nuestra primera vez juntos?
Casi me echo a llorar. Pero me aguante como lo «machito» que soy.
Tome agua hasta reventar mientras me informaban de tu llegada inesperada.
Nadie me dijo ni me pregunto si yo quería, pero algo me arrastro hacía ti, por inercia, sin razón.
Nos conocimos.
Ambos cautelosos: Yo a la defensiva, tú curioso.
Después de eso puedo enumerar perfectamente las veces que nos vimos. Recuerdo a detalle cada uno de nuestros momentos. Nuestros.
La cena. El regalo. La comida. El pescado. El viaje. El viejo. Tus parientes. Mis celos. El puente. Los bordados. La bolsa que aún conservo a mi lado…
Cuando me fui, sabía que no quería volver a verte. No me pertenecías y yo era demasiado «niña» para entenderte.
Antes, no podía anhelar lo que desconocía. Pero ahora no quería extrañar a quien no lo merecía.
Por eso no volví, por eso no te busque. Por eso mismito te asesine. Ya no quería sentirme aludida.
Y mira que a mi no me gusta mentir… Pero fue una elección piadosa, mi escapada, mi victoria. Mas resulto que al final de cuentas no lo hice, no mentí.
Hace poco rebuscando mis raíces y labrando de paso un nuevo camino hacia a ti me lo han dicho y también que a menudo preguntabas por mí.
«¿Como está la niña?» solías decir.
¿Alguna vez me llamaste hija?
Deveras que algunas veces desee verte sufrir, sin embargo ahora el dolor me atormenta a mí.
Hace un año en el imaginario yo te maté y resulta que en esa fecha en realidad te mataron.
Sin saberlo, dime padre, ¡¿de verdad lo he provocado?!
Cuidado con lo que deseas, me habían sentenciado.

