A un corazón

A flor de piel

En sus ojos se veía una infinita tristeza”            

Todos estaban ciegos.

 

Nunca he logrado llegar a un corazón

si acaso he sido la mancha deleble

con la más débil llovizna.

He sido la amiga de segunda y de tercera

que se olvida con el paso de los daños y los años.

La mujer con fecha de expiración

insistente, intensa, impulsiva

“hasta llegar a un grado enfermizo”

con un uso desconocido determinado:

el que quieras darle.

La del carácter de mierda.

 

(Lo siento, pido perdón a esos corazones

para los que mi amor egoísta no bastó,

para los que mi sinceridad, rayando en el cinismo, lastimó.

Ojalá yo pudiera perdonarme).

 

Nunca he logrado penetrar un corazón

He sido la amante temporal que impresiona

con sus caderas y la más ingenua sonrisa

Pero ¿es que piensan que acaso no siento?

¿Qué es lo que queda?

Ni yo lo sé.

Me he buscado tanto en el reflejo del otro

que me he más que perdido.

Los fragmentos de mi existencia

ya no significan nada

si es que un día lo hicieron.

 

(Lo siento por los malos entendidos

y las señales equivocadas,

por abrigarme en el frío y permanecer

en los lugares en deconstrucción

es mi fallo, jamás supe de donde tomé el hábito).

 

Nunca he logrado quedarme en un corazón

y el dolor de descubrirlo fue inescrutable

Así, me deshice de mis anhelos y deseos

antes de que éstos acabaran conmigo.

Me aleje del ruido y me negué a mí misma.

No podía soportarlo, era aterrador.

Jamás nunca, he logrado permanecer

en un corazón, ni afectarlo con la más leve brisa.

En absoluto me he quedado en alguien, ni alguien

se ha quedado conmigo, ni yo, ni ella, ni él.

 

(Perdón, ojalá tuviera algo de valor para darles,

para decirles, para mostrarles…).