Dulce amargo

A flor de piel, Poescritos

A veces los veo
Cuando la oscuridad baja a mis ojos
Me muestra tu mano en su cadera
O su boca en tu cabeza

Los observó de lejos
Bajo el cielo nocturno
Cierras los ojos
Y la empujas hacia ti…

En aquella playa
Me acercó un poco más
El calor de la arena sube por mis piernas
Intento atraparlo fuera de mí

Se escabulle por mi piel
Hace suyo el dolor y el placer
Dulce amargo
Cae sobre mí

La miras
Como lo haces con cualquiera
Como me ves a mí
Descubro la mentira

Sus senos
Tus manos sobre ella
Su cabello
Diez minutos de ir y venir

Vienen también
Las verdades ocultas
Las lágrimas traídas por su sexo
El olvido de mí

Yo no existo
Ni soy
Solo una idea inventada
Que casi termina

En aquella habitación
Donde se desnudan
Los veo de cerca
Aunque no quiero

Sé entonces que piensas en mí
Apagas el teléfono
Me pregunto sí es bonita
Si acaso importa

La humedad que sale de sus bocas
Está cerca de alcanzar la mía
El mundo acelera
Estalla, se desmorona

El llanto me penetra
En el dulce amargo del presente voyerista
Y me abro al masoquismo
que intento vedar.

Diles

A flor de piel, Poescritos

Diles que se debió a mi

Échame la culpa

Cuéntales que yo era posesiva

Que no te entendía

Que tenía problemas de confianza

Que era insegura

Que te obligué a irte a otra piel.

Diles que te forcé a estar conmigo

Háblales de mi carácter de mierda

De mis escenas de niña frágil

De mis episodios de ansiedad

De mis borracheras.

Diles que nunca me amaste

Que la idea de un futuro juntos fue sólo mi mentira

Enumera los motivos por los cuales fuimos incompatibles

Mi falta de ambición

Mi descuido

Las excesivas ganas de estar contigo

Mi entusiasmo incontrolable.

Diles a ellos todo lo que callaste

Lo que te carcomía por dentro

Grita que nunca pudiste enamorarte

De este fraude de mujer

De mis abrazos por la mañana.

Diles que en ella encontraste todo lo que soñaste

Independencia

Libertad

Falta de amor

Nulo compromiso

La idea de aventura

Tu reflejo.

Diles que ella te hacía pensar

Se asemejaba a ti

Que te incitaba a olvidarme

Que ni siquiera me recordabas

Y eras feliz, y estaba bien.

No les cuentes que yo te hacía reír

Que te esperaba en casa

Que ansiaba llamarlo nuestro hogar

Omite que te era leal

Que añoraba estar contigo

No menciones mis “te amo”

Ni mis peticiones de “echar novio”.

Olvida la verdad

Mis buenas intenciones

Los dulces mensajes escondidos

Mis ojos viendo a los tuyos

Y la ternura en cada beso.

Omite mi tristeza permanente

Y este dolor a engaño

Tus mentiras hasta el último minuto

Y las oportunidades que dejaste ir

Borra de tus recuerdos mi preocupación por ti

Lo incondicional

Tu traición.

Si no lo haces no podrás perdonarte

Ni vivir

Ni siquiera intentar ser persona

Y yo no puedo ni quiero permitirlo

Ya para qué, si no sirve de nada.

Ni siquiera intentas borrarlo.

El Ombligo de la Tierra

A flor de piel

Te lloraré lo que me duren 32 poemas
El Ombligo de la Tierra
El tiempo que me arrastre
este libro que no me atrevo a tocar.

Te recordaré mientras hojeo los fantasmas
de una vida que ya no será nuestra
escrita en un idioma que jamás
pudimos traducir.

Te reprocharé en cada vuelta de página
las faltas de amorografía
las noches en vela
este libro de segunda mano
tu descuido
lo frágil de tus letras.

Quizá te maldeciré
con cada inicio y final
de esta poesía llena de amor
que me recuerda
lo que no sientes por mí.

Me llorarán 32 poemas
hasta que me terminen
en El Ombligo de la Tierra
de esta vida mía, más nunca nuestra.

Leerán los fantasmas
que abrasan mi piel
mientras se rinden ante este amor intraducible
del que sólo se escribió el final.

De nuevo

A flor de piel

Nunca he sido buena para pedir ayuda,
ni para dar amor, ni para no darlo,
ni para encontrar el punto medio.
Siempre estoy en ese tonto sitio
donde me quedó sentada un rato
hasta que aprendo a marcharme,
unas veces más rápido que otras,
pero siempre en la incertidumbre,
en las ganas de quedarme,
en aquella búsqueda inútil de mi guardavidas,
aunque sé que no lo hay.

Para la ayuda nunca he sido buena,
ni para agachar la mirada, ni para sostener una mano,
ni para bajar la voz,
ni para decir: mamá yo también te necesito.
Ni para abrazar a alguien,
ni para permitirle a nadie que lo haga.
Lo mío es pasar de largo,
huir en cuanto las piernas me responden
y mi mirada puede ignorarlo todo.
Lo mío es sincerarme en mis pensamientos.
Ser la mala, abrazar la culpa
y gritar para disfrazar lo herida que me siento.
Lo mío, por desgracia, es huir una vez tras otra
de forma egoísta, en cada intento de no desear morir.
Con las voces en mi cabeza diciendo que siempre he sido así, la mala:
hija
nieta
amiga
mujer
ser humano
Pero que también necesita amor, aunque ellos no lo sepan o no quieran saberlo.

Soledad compartida

A flor de piel, Poescritos

Estoy terriblemente sola. Más aún cuando la gente alrededor da tantas vueltas y el sonido del claxon cruge en mis oídos.
Estoy tan sola como cada cumpleaños al despertar, cuando espero con fe y no pasa nada.
Justo como en cada sorbo de café que intenta ser engaño, en un día diferente, pero que transcurre igual, que sabe igual: amargo…
A las dos de la tarde, a las cuatro, a las seis, antes de dormir. Incluso en los sueños a los que trato de aferrarme, pero que también se van, desaparecen de a poco, dejándome este anhelo por recordarlos.
En mi letargo, fatalmente sola, estoy como el vecino imaginario que poda el césped los domingos a las cinco de la tarde y sonrie, mientras por dentro rompe en llanto, tan cansado, mucho más que mi abuela que toma su siesta en el sillón café que antes fue amarillo, pero que a nadie le importa.
O como mi madre en el fondo de la habitación mirando su televisión interior casi descompuesta, arrumbada, convirtiéndose en olvido.
Como aquella familia de la que no soy parte, y que no sabe que es familia o no quiere saber, o le da igual, porque cada quien está lo suficientemente descocido como para tener ganas de unirse. Y simplemente, quizá, porque no sabe qué es familia.
Así, terriblemente estoy, como se puede estar al final de los 25 años, en silencio, en un hogar que se siente ajeno, en los errores que no cesan de facturar, jamás.
En la decadencia del cuarto de siglo, consumiendo el miedo y fustigando la culpa que lo vuelve todo insoportable, acechada por las miradas inquisidoras que me dicen lo terriblemente sola que estoy, en la esperanza de que todo va a estar bien, como aquel que se sabe solo, como tú, como todos alguna vez, en la sonrisa de etiqueta, en el saludo cordial y, a veces, en unas lágrimas tímidas que igual ya no sirven de nada.

Habitante

A flor de piel

El miedo que habita en mí se ha convertido en un huésped exigente, taimado; pasó de ser inaudible a aquel que abusa de mis pensamientos y las probabilidades de que esta vida se convierta en una inapelable, indecible, sorda, culpable.

Ni el alcohol me dio buenos resultados, al contrario. Reforzó la paranoia de esta muerte inevitable, de esta vida inbebible, de estos sueños diluidos, de poco a mucho, inalcanzables.

Este huésped reacio, risible, me ha dejado paralizada frente a la pared de un cuarto que no es el mío, de un hogar que nunca tuve, de un anhelo que jamás he cumplido, de una lista interminable.

Sigo cada año más desmejorada que el anterior, más afasica que de costumbre, más muerta que viva, buscando las palabras que definan de una vez por todas esta idiotez que no me deja fluir

(ni ser, ni estar, ni escribir… en esta existencia que no reconozco mía).

En días como hoy

A flor de piel, Poescritos

En días como hoy me cansa sentirme insuficiente para las personas que me agradan, sobre todo para las personas que quiero.
En días como hoy planeo dejarlo todo en la chingada y no mirar atrás, sin explicaciones.
En días como hoy me siento de la mierda y no para de culparme, por ser como soy, por alejarlos a todos, incluso a mi madre.
¿Para que siguen esperando?
Ni yo quiero quedarme.
En días como hoy quiero llorar pero nada sale, estoy repleta de vacíos incontables.
Miro al techo, en busca de un milagro pero sé que es una perdida de tiempo.
En días como hoy sólo cierro los ojos, hago recuento de los daños y continuó, en la promesa de no volver jamás.

Tener miedo no es normal

A flor de piel, Poescritos

A mi madre

Tengo miedo de vivir en un mundo donde lo normal es tener miedo.

Dónde tengo que cuidar lo que me pongo, la forma en que me expreso y desconfiar de todas las personas a las que recién conozco.

Es abrumador caminar con desconfianza ya sea por el día o por la noche, aguantar piropos callejeros que no quiero ni pido recibir, las miradas lascivas si llevo ropa corta o ajustada, leer noticias de chicas desaparecidas o halladas muertas que dejan una imborrable estela de dolor, (y en dónde a muchas se les culpa de lo sucedido).

Cualquiera puede ser la siguiente. Nunca jamás nada justificará un acto como éste, entre muchos otros.

Estoy cansada de vivir con miedo, de la paranoia instalándose en cada parte de mi cuerpo. Tengo tanto miedo de vivir así, de morir así.

Pánico de que algo pueda pasarme trayendo la desgracia a mi familia. Esa idea es la que más me duele.

Por eso le he dicho a mi madre que si algo pasa siga adelante. Sin embargo, sé que no lo hará, que una situación así puede destruirla como ha destruido a otros padres, otras familias. Lamento tener que lamentarlo. Imaginar un futuro así me desgarra.

«Sé feliz porque es lo que yo querría», le repito, y es lo que quiero, que nada opaque sus discretas sonrisas, pero Dios, mi deseo primitivo es que ella no tuviera que escuchar algo así, que no viviera con la angustia de que algo pueda pasarme, pasarnos. Qué ningún padre, madre, hermanos, hijos u otra parentela tuviera que despedirse… por si acaso.

Hombre o mujer, ya no nos sentimos seguros. Y que sea «normal» es lo que más debería de asustarnos.

«Avísame cuando llegues». «¿En qué taxi vas?». «Mándame tu ubicación en tiempo real». «No salgas sólo». «Ten cuidado con quién hablas». Son algunas frases que no paramos de repetir, son sentencias que se llevan un pedacito de nuestra alma».

Tenemos miedo y no, no es normal. Ojalá pudieramos hacer algo para cambiarlo, de inmediato.

A la espera

A flor de piel, Poescritos

Te espero cinco minutos menos ansiosa que ayer
en el mismo lugar donde esta vez no hemos quedado
sentada en la misma silla que me dejaba indefensa ante tu mirada.
En esta ocasión tomo café con una buena dosis de melancolía
la infusión de frutos rojos de la última tarde ha quedado rezagada
junto con la sensación de felicidad de estar a tu lado.
Hoy no estás, en cambio me acompañan los reproches y las dudas
la magia desvaneciéndose en cada recuerdo del nosotros que nunca fuimos.
Ojalá pudiera quedarme algo más que anhelo, pero nunca fuiste mío.
Mía fue la ensoñación del tiempo compartido, de las pláticas inolvidables
y el deseo de repetir el buen sexo que me dejó sin aliento.
Mío es el recuerdo de tus ojos glaucos acariciándome la piel,
de tus dedos surcando mi cara, de mis labios mojándose en tu nombre.
Mía es la idealización de tu sonrisa, de tu cara, de tu cuerpo,
de tus emociones que me mantienen atrapada y no me dejan partir de ti.
Te espero, sí, no sé por qué, ni por cuánto tiempo a la deriva
pero también me estoy forzando a no hacerlo más.

(Sé que en nada de esto hay sentido, por eso no hago más que esperar).

 

A un corazón

A flor de piel

En sus ojos se veía una infinita tristeza”            

Todos estaban ciegos.

 

Nunca he logrado llegar a un corazón

si acaso he sido la mancha deleble

con la más débil llovizna.

He sido la amiga de segunda y de tercera

que se olvida con el paso de los daños y los años.

La mujer con fecha de expiración

insistente, intensa, impulsiva

“hasta llegar a un grado enfermizo”

con un uso desconocido determinado:

el que quieras darle.

La del carácter de mierda.

 

(Lo siento, pido perdón a esos corazones

para los que mi amor egoísta no bastó,

para los que mi sinceridad, rayando en el cinismo, lastimó.

Ojalá yo pudiera perdonarme).

 

Nunca he logrado penetrar un corazón

He sido la amante temporal que impresiona

con sus caderas y la más ingenua sonrisa

Pero ¿es que piensan que acaso no siento?

¿Qué es lo que queda?

Ni yo lo sé.

Me he buscado tanto en el reflejo del otro

que me he más que perdido.

Los fragmentos de mi existencia

ya no significan nada

si es que un día lo hicieron.

 

(Lo siento por los malos entendidos

y las señales equivocadas,

por abrigarme en el frío y permanecer

en los lugares en deconstrucción

es mi fallo, jamás supe de donde tomé el hábito).

 

Nunca he logrado quedarme en un corazón

y el dolor de descubrirlo fue inescrutable

Así, me deshice de mis anhelos y deseos

antes de que éstos acabaran conmigo.

Me aleje del ruido y me negué a mí misma.

No podía soportarlo, era aterrador.

Jamás nunca, he logrado permanecer

en un corazón, ni afectarlo con la más leve brisa.

En absoluto me he quedado en alguien, ni alguien

se ha quedado conmigo, ni yo, ni ella, ni él.

 

(Perdón, ojalá tuviera algo de valor para darles,

para decirles, para mostrarles…).

 

 

 

Viento

A flor de piel, Poescritos

Viene y me balbucea los secretos del mundo. Me esfuerzo por entenderlo pero no puedo.
Acaricia mi cabello y siento sus dedos recorriendo mis mejillas, luego baja a mis labios y siento su respiración ansiosa descender hasta mis costillas.
Omnipresente me recorre por donde quiere y muchas veces no debe.
Quisiera tocarlo y beber de él, mas se me escapa, ni siquiera como la arena entre los dedos. Se me escapa consciente de la imposibilidad de tenerle. Pero sigo, sin la certeza, porque lo que siento va más allá de los pensamientos en mi cabeza.
Cierro los ojos, disfruto de su presencia, el tiempo que le queda, la exclusividad de este momento en que etéreos tomamos consciencia.
Me muerdo los labios y siento el deseo creciendo entre mis piernas.
La luz de la luna basta para acompañar este encuentro donde mis manos que son las suyas recorren mi cuerpo y ya en mis adentros me convulsionan con sabor a viento, libertad y un poco de amor fugaz, éxtasis que viene y va. Espasmo de ti, de mí, de él, del tiempo que estuvo y ya no está.

El grillo humo, sus ojos, mis mejillas

A flor de piel

El día estaba azul. Mientras la cabeza cortaba su nombre el grillo humo.
Ya me había pasado cuatro estaciones. No recuerdo lo que estaba pensando pero por lo visto ocupó demasiado de mi tiempo y mi… tampoco puedo recordar la otra palabra. Tan normal.
La noche era abrumadora, llovía en pequeñas dosis y el frío no calaba mis huesos, sólo mis orejas.
Cordura, esa era la palabra que se me había escapado de las manos, y de mi cerebro decía mi madre, al menos eso creo.
Mis botas de gamuza estaban inundadas. Las amaba. Su color caqui me gustaba, aunque creo que lo que más me entusiasmaba era el bordado de colores que traía en la orilla. Tenía formas hermosas.
Él era hermoso también, aunque suena demasiado afeminado si comienzo describiendolo de esa manera. Quizá mañana nadie pueda recordarlo. Sus ojos cafés me encantaban, demasiado comunes, pero no podía olvidarlos, tal vez por eso me aferraba.
Tenía un nombre extraño, pero sus ojos eran todo lo contrario.
Pecas, también tenía ligeras pecas sobre sus mejillas.
Las mias quemaban.
Mis mejillas.
Mis llaves, ¿dónde están mis llaves?
Ha sido una jornada muy larga.
El teléfono suena, pero no encuentro mis llaves.
Estoy frente a casa, no quiero decirle a mamá que baje, sus rodillas no están bien. Sus 52 años ya le pesan demasiado.
Sin embargo, es una gran mujer, no deja de trabajar y dar batalla. Pero hacerla bajar del cuarto piso… no, ya tiene suficiente.
Estoy muy saturada,mi cabeza va a pagarlo.
El chipichi, se siente bien al caer sobre mi cara.

Odio levantarme temprano, hasta la muerte.
Faltan dos días para mí cumpleaños.
Mamá intenta lavarme el cerebro, se ha vuelto nuestro juego, finjo demencia y que le creo.
Estábamos en verano y ya es invierno. Me sorprende lo rápido que pasa el tiempo.
Falta una semana para mí cumpleaños, que nervios.
Jugar con mamá ya no es divertido.
¿Pero cómo se lo digo?
Mis mejillas queman, pero ni siquiera el gorro rojo que traigo sobre la cabeza disimula la palidez.
Mis ojos son cafés, como los suyos.
Mamá ha empezado a llorar quedito cada que me ve, sé que ha pasado algo importante.
¿Es porque me despidieron en el trabajo?
Por supuesto que sé quién es, le digo cuando señala la foto que traigo en la mano.
Es un chico hermoso,de seguro con un nombre raro. Sonrío.
Soy muy distraída, desde que tengo memoria ha sido así, apenas puedo retener mi nombre.
Lo amo, pero ni siquiera es por el recuerdo.
Demasiadas cosas que hacer.
Mamá dice que todo está bien, pero siento que hay algo raro.
Mi cabeza se hace grande, pesa cada vez más.
La he oído hablar de un accidente, y llora más frecuente, finjo demencia, no tengo fuerzas, después lo trituro. ¿Soy tan perversa?
¿Y las llaves?
¿Las llaves?
Necesito llaves.
Siempre he evitado la puerta, las quejas y las malas noticias. Mejor no saber y lo relego, justo como aquello que guarde bien una vez y ya no encuentro.
Luego que todo está bien, siento que no tiene sentido, sin embargo el día estaba azul, ¿qué estoy olvidando?
Es tu hermano, dice.
Es tu hermano.
¿Quién?
¿Quién lo dice?
Hay lágrimas en el grillo humo mientras la cabeza cortaba su nombre.
Mis mejillas.
Sus ojos.
Quiero verlo.
¿A Quién?
Amada madre y esposa, 1948-1999, no llores, me portaré bien,¿ bien?
Regresaré.
Te lo prometo, no lo olvidaré.

¿Qué olvide?