Trazame

Poescritos

– Para ti, que nunca seré única

Quitame la culpa
agrega dulzura
un cabello largo
una nueva nariz
dibujame a tu antojo
con líneas perfectas
a tu manera
Borra esta que soy
rehazme
dame un poco de color
quitame este blanco y negro
llename de ocres y pasteles
esos que tanto te gustan
qué no soy
qué dudo ser

Juega con mis curvas
y quita estas emociones interrumpidas
delineame como quieras
llevate mis impulsos
omite mi intensidad
todo aquello que me hace egoísta
una víctima disfrazada de mujer
esta angustia caminante
la que lo arruina todo
la que no sabe parar
ni quedarse
ni amar
y tampoco irse
Pero deja mis lunares
mis ojos
y esta manera en la que solía sonreír
al pensar en ti
tras escuchar tu voz

Acerca tu lápiz a mi corazón
el camino más cercano al tuyo
rozame con tus dedos
en cada trazo
acariciame
pon tu mirada en mí
en lo que seré
sienteme tuya
y después, cuando termines
como siempre lo haces
vete
déjame aquí
sobre el papel
encuadernada
pensando la forma de cobrar vida
de desprenderme
salir al mundo
sentirme segura
y vivir
sin ti, como siempre ha sido
y cómo sé
a pesar de todo
qué me dejaras.

(… no regreses. Una creación siempre amará a su artista o lo odiará, irremediablemente, y sé que tú no eres blanco y negro).

Un par de veces

Poescritos

Hubo un par de veces en las que no quise soltarte, en las que me aferré a ti en un abrazo, en las que implore por tu falso beso de despedida, en las que rogué porque el milagro del amor naciera entre nosotros.
Sólo hubo silencio, y gestos y manos, y más silencio y más de mis manos encarcelando las tuyas, con mis gestos que no querían soltarte.
Hubo un par de veces en las que creí que esa era la última vez que te veía, que te hacía mio, que me condenaba tuya, que mis piernas entrelazaban tu pelvis, a modo de soborno, en modo egoísta, en una guerra perdida.
Hubo una sonrisa, y miedo y tristeza, y más miedo y más tristeza sofocando tu alegría, mi miedo opacando la mía cuando tú partías de aquella puerta como lo hacen los antienamorados, y yo no quería, ni soportaba verlo.
Fueron un par de veces, sí, que mi miedo itinerante te dijo adiós, intuyendo lo que ya sabía: no habría una próxima vez… pero seguimos.
Sin embargo, poco tiempo después, la última ocasión, ni me despedí, ni recuerdo tu falso gesto de tus labios en mis labios, ni lo supe, ni lo intuí, ya me había acostumbrado al proceso de tus huidas y mis venidas, todo fue igual, pero algo se ha borrado de mi memoria.
La última vez, no lo fue para mí, te vi bajar las escaleras, un paso cada vez más rápido que el otro, como lo habitual. La lluvia caía, tan rápido como mi anhelo de verte otra vez.
Pero no, no hubo otra vez. ¿Tú sí lo sabías?

A la espera

A flor de piel, Poescritos

Te espero cinco minutos menos ansiosa que ayer
en el mismo lugar donde esta vez no hemos quedado
sentada en la misma silla que me dejaba indefensa ante tu mirada.
En esta ocasión tomo café con una buena dosis de melancolía
la infusión de frutos rojos de la última tarde ha quedado rezagada
junto con la sensación de felicidad de estar a tu lado.
Hoy no estás, en cambio me acompañan los reproches y las dudas
la magia desvaneciéndose en cada recuerdo del nosotros que nunca fuimos.
Ojalá pudiera quedarme algo más que anhelo, pero nunca fuiste mío.
Mía fue la ensoñación del tiempo compartido, de las pláticas inolvidables
y el deseo de repetir el buen sexo que me dejó sin aliento.
Mío es el recuerdo de tus ojos glaucos acariciándome la piel,
de tus dedos surcando mi cara, de mis labios mojándose en tu nombre.
Mía es la idealización de tu sonrisa, de tu cara, de tu cuerpo,
de tus emociones que me mantienen atrapada y no me dejan partir de ti.
Te espero, sí, no sé por qué, ni por cuánto tiempo a la deriva
pero también me estoy forzando a no hacerlo más.

(Sé que en nada de esto hay sentido, por eso no hago más que esperar).

 

Mala

Poescritos

Me culpaba de mi falta de afecto, como si los sentimientos se dieran en los árboles (y de todas maneras ni árboles quedan muchos).
Así, él anhelaba que cumpliera su deseo y me lanzará a sus brazos sin chistar palabra, como si yo fuese adivina y mujer de dudosa dignidad; pero jamás se dió a la tarea de realmente conocer mis sentimientos.
Yo sí lo quería.
Hubo una vez que mis ojos no miraban en otra dirección más que la suya, ¿y que hizo él?
Me arrojó al olvido por tiempo indefinido, hasta que su amorío resultó en un fracaso.
Fue entonces que labró el camino de regreso hacia a mí, en busca de no sé qué. Ya era tarde. Me juré que jamás volvería a verlo con la misma intensidad. Y así lo he cumplido.
Esa es mi gran culpa, ese es el porqué de nuevo se aleja y continuamos con este huir y venir, repitiendo el ciclo: se acerca a tientas, en silencio, a la espera, en medio de la nada, y al encontrar mis manos en lugar de mis labios… se va, busca otra piel en la cuál depositar su afecto malherido, su inseguridad y esa atracción que no sabe cómo llamar.
Y yo soy la mala, ¿soy la mala? como si de verdad fuera una mujer que no sintiera. Me he equivocado, sin duda, aún así antes lo quise como él a mí pero nunca se dio cuenta o no quiso hacerlo. Yo quería su alma, y tal vez el sólo deseaba cosas que mi cuerpo no era capaz de darle, quizá por eso nunca dijo nada.
Ahora, de nuevo, se va. Como si yo no sintiera. Se va encandilado por otros ojos bonitos. No lo culpo. Sin embargo, no espero que vuelva. Él ya no espera. Sé que tras cada huida estamos más lejos, y las distancias que no son físicas son las más difíciles de superar. Estamos equidistantes, heridos cada quien a su manera.
Yo lo quiero. Sólo que ya no puedo hacerlo como antes, no tras abandonarme justo cuando más lo esperaba. Jamás lo supo, quizá por eso es que no importa lo que yo siento, tal vez por eso no importan si mis heridas no sanan, quizá por eso le cuenta a sus amigos que yo soy la mala, la egoísta, la que no le tiene afecto, la que no le habla.

Supongo que es mejor así, que todo transcurra sin sentido, como si nada.