Me culpaba de mi falta de afecto, como si los sentimientos se dieran en los árboles (y de todas maneras ni árboles quedan muchos).
Así, él anhelaba que cumpliera su deseo y me lanzará a sus brazos sin chistar palabra, como si yo fuese adivina y mujer de dudosa dignidad; pero jamás se dió a la tarea de realmente conocer mis sentimientos.
Yo sí lo quería.
Hubo una vez que mis ojos no miraban en otra dirección más que la suya, ¿y que hizo él?
Me arrojó al olvido por tiempo indefinido, hasta que su amorío resultó en un fracaso.
Fue entonces que labró el camino de regreso hacia a mí, en busca de no sé qué. Ya era tarde. Me juré que jamás volvería a verlo con la misma intensidad. Y así lo he cumplido.
Esa es mi gran culpa, ese es el porqué de nuevo se aleja y continuamos con este huir y venir, repitiendo el ciclo: se acerca a tientas, en silencio, a la espera, en medio de la nada, y al encontrar mis manos en lugar de mis labios… se va, busca otra piel en la cuál depositar su afecto malherido, su inseguridad y esa atracción que no sabe cómo llamar.
Y yo soy la mala, ¿soy la mala? como si de verdad fuera una mujer que no sintiera. Me he equivocado, sin duda, aún así antes lo quise como él a mí pero nunca se dio cuenta o no quiso hacerlo. Yo quería su alma, y tal vez el sólo deseaba cosas que mi cuerpo no era capaz de darle, quizá por eso nunca dijo nada.
Ahora, de nuevo, se va. Como si yo no sintiera. Se va encandilado por otros ojos bonitos. No lo culpo. Sin embargo, no espero que vuelva. Él ya no espera. Sé que tras cada huida estamos más lejos, y las distancias que no son físicas son las más difíciles de superar. Estamos equidistantes, heridos cada quien a su manera.
Yo lo quiero. Sólo que ya no puedo hacerlo como antes, no tras abandonarme justo cuando más lo esperaba. Jamás lo supo, quizá por eso es que no importa lo que yo siento, tal vez por eso no importan si mis heridas no sanan, quizá por eso le cuenta a sus amigos que yo soy la mala, la egoísta, la que no le tiene afecto, la que no le habla.
Supongo que es mejor así, que todo transcurra sin sentido, como si nada.
