A la espera

A flor de piel, Poescritos

Te espero cinco minutos menos ansiosa que ayer
en el mismo lugar donde esta vez no hemos quedado
sentada en la misma silla que me dejaba indefensa ante tu mirada.
En esta ocasión tomo café con una buena dosis de melancolía
la infusión de frutos rojos de la última tarde ha quedado rezagada
junto con la sensación de felicidad de estar a tu lado.
Hoy no estás, en cambio me acompañan los reproches y las dudas
la magia desvaneciéndose en cada recuerdo del nosotros que nunca fuimos.
Ojalá pudiera quedarme algo más que anhelo, pero nunca fuiste mío.
Mía fue la ensoñación del tiempo compartido, de las pláticas inolvidables
y el deseo de repetir el buen sexo que me dejó sin aliento.
Mío es el recuerdo de tus ojos glaucos acariciándome la piel,
de tus dedos surcando mi cara, de mis labios mojándose en tu nombre.
Mía es la idealización de tu sonrisa, de tu cara, de tu cuerpo,
de tus emociones que me mantienen atrapada y no me dejan partir de ti.
Te espero, sí, no sé por qué, ni por cuánto tiempo a la deriva
pero también me estoy forzando a no hacerlo más.

(Sé que en nada de esto hay sentido, por eso no hago más que esperar).

 

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