Tampoco me quedaría.
Aquí no hay silencios ni calma.
Existen sonrisas que se esfuman
con el menor de los daños.
Desorden y mugre que amenazan
con cubrirlo todo, inminentemente.
(Salvate).
Heridas que no sanan.
Odio y amargura enraizados a mi cuerpo.
Ni yo puedo comprenderlo.
Ojalá pudiera deshacerme de ello,
del origen de la mala suerte,
del ente lastimero que habita mi alma.
Entiendo que te vayas,
Si pudiera desprenderme de mi
misma también lo haría.
Envidio un poco tu suerte.
Eres libre, jamás regreses, creeme,
no vale la pena, la confusión, ni las risas, ni las lágrimas.
(Entiendo que te vayas,
por ello, pese a mis deseos,
jamás te pediría que te quedaras).
