El día estaba azul. Mientras la cabeza cortaba su nombre el grillo humo.
Ya me había pasado cuatro estaciones. No recuerdo lo que estaba pensando pero por lo visto ocupó demasiado de mi tiempo y mi… tampoco puedo recordar la otra palabra. Tan normal.
La noche era abrumadora, llovía en pequeñas dosis y el frío no calaba mis huesos, sólo mis orejas.
Cordura, esa era la palabra que se me había escapado de las manos, y de mi cerebro decía mi madre, al menos eso creo.
Mis botas de gamuza estaban inundadas. Las amaba. Su color caqui me gustaba, aunque creo que lo que más me entusiasmaba era el bordado de colores que traía en la orilla. Tenía formas hermosas.
Él era hermoso también, aunque suena demasiado afeminado si comienzo describiendolo de esa manera. Quizá mañana nadie pueda recordarlo. Sus ojos cafés me encantaban, demasiado comunes, pero no podía olvidarlos, tal vez por eso me aferraba.
Tenía un nombre extraño, pero sus ojos eran todo lo contrario.
Pecas, también tenía ligeras pecas sobre sus mejillas.
Las mias quemaban.
Mis mejillas.
Mis llaves, ¿dónde están mis llaves?
Ha sido una jornada muy larga.
El teléfono suena, pero no encuentro mis llaves.
Estoy frente a casa, no quiero decirle a mamá que baje, sus rodillas no están bien. Sus 52 años ya le pesan demasiado.
Sin embargo, es una gran mujer, no deja de trabajar y dar batalla. Pero hacerla bajar del cuarto piso… no, ya tiene suficiente.
Estoy muy saturada,mi cabeza va a pagarlo.
El chipichi, se siente bien al caer sobre mi cara.
Odio levantarme temprano, hasta la muerte.
Faltan dos días para mí cumpleaños.
Mamá intenta lavarme el cerebro, se ha vuelto nuestro juego, finjo demencia y que le creo.
Estábamos en verano y ya es invierno. Me sorprende lo rápido que pasa el tiempo.
Falta una semana para mí cumpleaños, que nervios.
Jugar con mamá ya no es divertido.
¿Pero cómo se lo digo?
Mis mejillas queman, pero ni siquiera el gorro rojo que traigo sobre la cabeza disimula la palidez.
Mis ojos son cafés, como los suyos.
Mamá ha empezado a llorar quedito cada que me ve, sé que ha pasado algo importante.
¿Es porque me despidieron en el trabajo?
Por supuesto que sé quién es, le digo cuando señala la foto que traigo en la mano.
Es un chico hermoso,de seguro con un nombre raro. Sonrío.
Soy muy distraída, desde que tengo memoria ha sido así, apenas puedo retener mi nombre.
Lo amo, pero ni siquiera es por el recuerdo.
Demasiadas cosas que hacer.
Mamá dice que todo está bien, pero siento que hay algo raro.
Mi cabeza se hace grande, pesa cada vez más.
La he oído hablar de un accidente, y llora más frecuente, finjo demencia, no tengo fuerzas, después lo trituro. ¿Soy tan perversa?
¿Y las llaves?
¿Las llaves?
Necesito llaves.
Siempre he evitado la puerta, las quejas y las malas noticias. Mejor no saber y lo relego, justo como aquello que guarde bien una vez y ya no encuentro.
Luego que todo está bien, siento que no tiene sentido, sin embargo el día estaba azul, ¿qué estoy olvidando?
Es tu hermano, dice.
Es tu hermano.
¿Quién?
¿Quién lo dice?
Hay lágrimas en el grillo humo mientras la cabeza cortaba su nombre.
Mis mejillas.
Sus ojos.
Quiero verlo.
¿A Quién?
Amada madre y esposa, 1948-1999, no llores, me portaré bien,¿ bien?
Regresaré.
Te lo prometo, no lo olvidaré.
¿Qué olvide?
