Viene y me balbucea los secretos del mundo. Me esfuerzo por entenderlo pero no puedo.
Acaricia mi cabello y siento sus dedos recorriendo mis mejillas, luego baja a mis labios y siento su respiración ansiosa descender hasta mis costillas.
Omnipresente me recorre por donde quiere y muchas veces no debe.
Quisiera tocarlo y beber de él, mas se me escapa, ni siquiera como la arena entre los dedos. Se me escapa consciente de la imposibilidad de tenerle. Pero sigo, sin la certeza, porque lo que siento va más allá de los pensamientos en mi cabeza.
Cierro los ojos, disfruto de su presencia, el tiempo que le queda, la exclusividad de este momento en que etéreos tomamos consciencia.
Me muerdo los labios y siento el deseo creciendo entre mis piernas.
La luz de la luna basta para acompañar este encuentro donde mis manos que son las suyas recorren mi cuerpo y ya en mis adentros me convulsionan con sabor a viento, libertad y un poco de amor fugaz, éxtasis que viene y va. Espasmo de ti, de mí, de él, del tiempo que estuvo y ya no está.
