Nunca he sido buena para pedir ayuda,
ni para dar amor, ni para no darlo,
ni para encontrar el punto medio.
Siempre estoy en ese tonto sitio
donde me quedó sentada un rato
hasta que aprendo a marcharme,
unas veces más rápido que otras,
pero siempre en la incertidumbre,
en las ganas de quedarme,
en aquella búsqueda inútil de mi guardavidas,
aunque sé que no lo hay.
Para la ayuda nunca he sido buena,
ni para agachar la mirada, ni para sostener una mano,
ni para bajar la voz,
ni para decir: mamá yo también te necesito.
Ni para abrazar a alguien,
ni para permitirle a nadie que lo haga.
Lo mío es pasar de largo,
huir en cuanto las piernas me responden
y mi mirada puede ignorarlo todo.
Lo mío es sincerarme en mis pensamientos.
Ser la mala, abrazar la culpa
y gritar para disfrazar lo herida que me siento.
Lo mío, por desgracia, es huir una vez tras otra
de forma egoísta, en cada intento de no desear morir.
Con las voces en mi cabeza diciendo que siempre he sido así, la mala:
hija
nieta
amiga
mujer
ser humano
Pero que también necesita amor, aunque ellos no lo sepan o no quieran saberlo.
