Poescritos

I

A veces te espero,
casi siempre a la misma hora
y con la misma desesperanza de saber que no vendrás,
sin embargo, aún me sorprendo al imaginar tu sonrisa
y cada una de las vidas que pudieron ser nuestras
sabiendo, como sólo yo lo hago, que no serán.

Me pierdo en los recuerdos imaginarios donde no nos faltó coincidir;
siento tu beso humedeciendo mis labios, tus manos en mi cara
mientras intento pelear contigo para no perder la costumbre
de esos días en los que nos vimos por primera vez,
en los que tu sonrisa conquistó la mía,
y mis pucheros la tuya, y nuestras ganas todo.

Aquellos días en los que me gustabas tanto y tenías ese no sé qué,
que qué sé yo, que me hacía sentir no sé cómo.
Esos días y noches, donde disfrutaba tanto verte feliz,
donde sólo escucharte hablar era suficiente
incluso aunque el tema de conversación fuera otra
y no está frente a ti, deseando que la miraras.

II

Me pregunto que veías cuando me veías
¿A la mujer de 24 años?
¿A la chica que toma mala decisiones?
¿Un puerto emocional?
¿O a la briaga de medianoche?
¿O a esta otra, muy lejos de ser yo?
¿Acaso realmente me veías?
y si lo hacías, ¿cómo lo hacías?
Después de la nada, siempre quise saber todo
y me acostumbre a la duda de quién era yo a través de tus ojos.

III

¿Recuerdas cuando nos conocimos?
Yo no, sabes que llego a olvidarlo todo.
De sobremanera, a las personas con las que pude ser feliz…
Ahora, me parece, te conviertes en fragmentos
de sueños que no alcanzo a recordar,
como las conversaciones tontas que tuvimos
la noche en que nos encontramos por primera vez.
¿Cuál era el tema? ¿Algo sobre vinos?
¿Sabes bailar, nombre, edad?
Si cierro los ojos solo puedo palpar el sonido de tu voz
y distinguir los hoyuelos de tu cara, sonriendo para mí.
Tu mirada buscando la mía
y después mis piernas junto a las tuyas
en esa cocina repleta de gente,
donde no hacíamos otra cosa más que existir,
juntos, en la complicidad de nuestras palabras

IV

No me malentiendas, sé que no te amo, pero pude haberlo hecho
sin tan sólo tú me hubieras dejado
si al menos me hubieras dado la oportunidad de intentarlo
pero no podías ni querías hacerlo
y yo, bueno, hace mucho que aprendí a no enamorarme
y a pasar de largo cuando es necesario.
Sin embargo, incluso después de todo: Te quiero.

Ya ves, a veces te espero,
aunque no sepa para qué,
incluso si sé que no vendrás
estoy aquí, esta tarde, llamandote
aunque tú ya no puedas hacerlo.

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