Poco a poco

Poescritos

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Hoy al fin salió el sol, y con él mi toma de conciencia de los últimos 10 meses.
Haciendo un recuento de los daños descubrí lo caprichoso de los sentimientos y como muchas veces suelen cambiar, sin planearlo ni quererlo.
Así fue que mis sentimientos voltearon hacia su dirección, y en su momento hice lo necesario para ser congruente.
No me arrepentía de nada ni lo maldecía, en su momento lo elegí a él y seguir adelante, sin pensar en las consecuencias, y lo asumo.
Sin embargo ahora, cuando era esencial dejar de quererlo, ahí estaba yo, sumergida entre sus remanentes.
Pero hoy me encuentro mejor, aunque a pesar de todo no dejaba de sentir mariposas, combinadas con una ligera angustia, cada vez que escuchaba su nombre o cuando llegaba a mí el recuerdo de su voz.
Definitivamente aún sentía algo por él, sólo que en los últimos dos meses había aprendido, un poco, a dejar de esperar, sobre todo a ser correspondida.
Además había entendido que el hecho de querer a alguien no significa que tengas que aguantar desplantes, faltas de cariño, promesas incumplidas ni actuar como un tapete.
Me repetía a mí misma que el hecho de anhelar hacer algo no significa que te haga bien, por ello había dejado de aferrarme. Desear estar con él, era como anhelar abrazar un enorme cactus.
Por ello hoy me estaba desprendiendo de su recuerdo.
Al fin pude rememorar lo valiosa que soy y darme una palmadita, animándome a seguir adelante, sin él ni nadie.
Lo quería, aún, por supuesto que sí, pero muchas veces el hecho de querer a alguien no significa que debas seguir haciéndolo…
Por eso hoy me recete una dosis de sol, aire puro y una caminata lo suficientemente larga para curar el dolor.
Creo que funcionó, al menos un poco.

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