Tengo miedo y es abrumador. Pude haberlo reconocido ante sus ojos expectantes que reclamaban mis lagrimas, pero evidentemente no lo hice.
«No eres apta», -dijo. Y en mas de una ocasión lo he creído.
«No es para ti», escribió en una nota, y muchas veces he pensado en tirar la toalla, pero sigo, no se si por soberbia, por orgullo o por capricho.
Y el dolor es cada vez más latente, las excusas para abandonar son más constantes pero irónicamente continúo porque me da terror tener miedo.
Pero ¿miedo?
«Una emoción caracterizada por una intensa sensación de angustia provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto», eso dice Google, y así me siento.
Me paraliza y no me deja avanzar, pero tampoco retrocedo, y eso es alentador pero al mismo tiempo agotador. No saber a donde ir es lo peor. El temor, la angustia, la indecisión. Los miedos.
Vivimos en un mundo donde predomina el miedo:
Miedo de morir, miedo de vivir. Vivimos con miedo a la incertidumbre y no se diga menos del miedo a sufrir.
La felicidad es efímera y el dolor sobrepasa el limite de tiempo.
Tenemos miedo al fracaso, al rechazo, a ser vulnerables o de que el éxito sea abrumador.
Vivimos con miedo de salir por las noches, incluso ya en el día. A ser asaltados a las 7 de la mañana cuando esperas el camión, a las nueve de la noche mientras esperas a alguien en una esquina.
Vivimos con miedo a la espera, a perder el tiempo, a no ser suficiente, a no llenar las expectativas, a no alcanzar las metas.
Tenemos miedo de ciertos animales, de algunas comidas, miedo a las personas, de uno mismo, de la mentira, del amor, a ser demasiado, a no dar el «ancho».
Le tenemos miedo a las nuevas experiencias, a un nuevo trabajo, a los deportes, a lo desconocido, y muchos a la rutina y a una lista interminable…
Vivir con miedo es inevitable, eliminarlo de tu vida me atrevería a decir que es imposible.
Vivimos en un mundo lleno de miedo, eso es innegable. Pero se supone que hay que enfrentarlos y no dejar que te detengan.
Es bueno conocer tus limites pero también poder ampliarlos.
Tengo miedo, por supuesto que lo tengo, pero si abandono lo que estoy haciendo, no quiero que sea por eso, ese es el porqué me mantengo.
¿Y tú?

Si te aferrás al miedo, Laura, es lógico que nunca se va a ir.
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Tal vez es imposible no sentir miedo, pero lo importante es enfrentarlos n.n y no estancarse a causa de los mismos.
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Claro. Ignorarlos también es una salida.
Un beso.
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