Me dueles con la inquebrantable certeza de la primavera, en cada lamento, cuando despierto, cuando sonrío, cuando te sueño.
Me dueles en cada te quiero, en el presente, en el pasado, en el futuro ya acabado, en lo jodido de lo incierto.
Me dueles tras los fallidos intentos, por efímeros momentos, por los malditos recuerdos, porque las palabras luchan por salir pero sólo predomina el silencio.
Me dueles cuando me doy cuenta que ya no vas a estar mañana, que lo de nosotros hoy acaba.
Acaba, amor, y sigo sin soltarte, ni siquiera procuro olvidarte.
Así que me dueles por las esperanzas perdidas, por tus caricias marchitas, por el miedo, porque aún pervive el deseo.
El deseo, cariño, de sentir tu cuerpo, de estrechar tu alma, de darte un beso, de estrujar tu cama.
Me dueles cada día cuando camino sola llena de melancolía, cuando mis pasos vagan en la penumbra y recorro las calles de la ciudad, a ciegas, esperando no verte pero secretamente deseando encontrarte.
Me dueles en esta incertidumbre, en mis ganas de ti, en el onanismo matutino, en tu música que vive en mí.
Me dueles al evocarte, al verte cerca pero saberte lejos, en la intención de olvidarte, sobretodo en las noches cuando no paro de pensarte.
Amor, ya no mío, cómo te explico que me dueles cada vez que me observó, que te miro, cada vez que no estás, cada vez que crece este vacío.
Cómo te explico mis manos sobre mi cara intentando de magullar este dolor, mientras me digo que todo es pasajero, tratando de regresar mis lágrimas por donde vinieron, fracasando y colándose de entre mis dedos, yo cayendo al suelo.
Cómo te explico que quiero gritar «¡te quiero!, ¡te necesito!, ¡estoy cerca! ¡ven a mí!»… mas recapacito, no puedo, no debo, entonces callo y muerdo mis labios esperando que vengas aquí y me digas que se acabó el sufrimiento, que no es el final, que nuestros pasos van a dar para más, que va a haber un mañana prometedor, que aún existe la palabra amor.
Cómo te explico que me dueles con todos los por qué, porque siento que falle, porque no hay marcha atrás, ya no queda nada que arreglar.
Me dueles en cada latido, cada vez que respiro, cuando me preguntan «¿Cómo estás?» y yo sonrío, cuando finjo y digo que te olvido, pero no es cierto. ¡No es cierto!
Me dueles.
¡Me dueles infinitamente tú!, en tu hastío, amor, ya no mío, me dueles.
Fastidio.
Soledad.
Olvido.
