En cada silencio, con cada día, sin parar el tiempo, me hielo.
Me hielo al escuchar tu nombre, en la incertidumbre, por cada lamento.
Volteo, primero cada tres segundos, ahora cada vez menos y te veo, te escucho, te siento, como siento esta pared creciendo en mi pecho.
Dejo las cabilaciones de tu ausencia y relego la culpa de ti.
Así que me hielo por cada paso, por cada abrazo olvidado, con las tragedias en mi cabeza, por el desencanto.
Desencato que me trastoca, calma y arreba. Me arrebata estas ganas de seguir aquí.
Aquí en la incongruencia, la inconstancia, en la pesadilla que es este ir y venir.
Por ello te agradezco y me hielo con este dolor recorriendo mis caderas y la sangre manchando mis adentros, bajando por mis entrañas, quedandose congelada entre mis dedos.
Me hielo en este cansancio infinito de tu recuerdo. con cada suspito muerto.
me hielo de ti. de mi agonía y de este sufrir.
