Querido fulano:
Estoy hecha bolita, quiero que lo sepa. Imagineme en el umbral de su sótano, a la espera.
Pero es en vano, nadie va a salvarme de mí, ni de usted. Ni usted.
Faltaba más.
No quiero hurgar en el pasado ni enumerar los reproches, con el futuro basta.
¿Qué puedo decirle?
No hay argumentos válidos contra lo evidente.
Dije que lo quiero, es cierto. Y desde ese día intuí que sería la primera y última vez.
Mi abuela me enseñó a no deseear lo que no es mío, y no es que busque hacerlo una propiedad…
Así que me voy; no porque no quiera, sino porque quiero, y ya no puedo más.
Cada día que pasa lo vuelve más insoportable.
No espero que lo entienda, no obstante, quizá, sólo quizá, espero que lo sienta.
No busco hacerlo mío, reitero. Eso, a estás alturas, ya me es impensable.
Ahora, más bien, lo que busco es limpiar este cargo de conciencia, usted entenderá.
Que me quiere dice, no hago más que dudar, pero si hay un gramo de verdad en sus palabras, no crea que me doy por bien servida. Al contrario.
No sé que hace aquí, en mi presente, debió de haberse quedado dónde estaba antes, donde no lo conocía.
Ahora tengo que ahogar está pena y recomenzar de nuevo, hasta que desaparezca, junto con mi dolor de cabeza firmado con su nombre y que no me deja en paz.
Lo más trágico de nuestros momentos juntos es el precio que voy a pagar por ellos: recuerdos, se les dice.
Por cierto, quiero decirle que me llevo su botella de agua, el cacao que nunca me compró y unos cuantos pesos, unos miserables pesos que me permiten contar con cada centavo lo que tenemos por historia, que es casi nada. Queda avisado.
Ah, y un favor: sea una mejor persona, como dijo.
No soy quien para darle consejos, pero podría comenzar por los hechos. Sí, déjese de palabras, lo de hoy son las acciones.
Podría extenderme y decirle hasta de lo que se va a morir o hablarle sobre los besos inventados que ya nos vamos a vivir o comentarle sobre las noches enclaustradas al compás de las sonrisas, pero no puedo, mi falta de religión me lo prohíbe.
Que le quiero, es cierto.
Que me quiere, según dice.
Sin embargo, en este mundo se quieren muchas cosas y aún así se les deshecha, incluso a las personas.
Ni el amor puede salvarnos.
No me hable, no me busque, no me escriba, no porque no quiera saber de usted, sino porque las cosas deben ser y no son.
No son y no sé vivir sin ser.
Mi fallo, supongo.
Nunca más tarde, nunca más temprano, nunca más quien no fue y quien nunca será:
La fulana moralista, incongruente, que se las dio de muy muy y resulto tan tan, junto a usted. Usted. Maldita sea.
