Capítulo 5. Inicios…

Poescritos
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Y fue en ese momento donde me di cuenta que él no lo sabía todo. Su imagen perfecta se desdibujaba ante mi, casi podía palparla.
Es increíble como un segundo basta para abrir los ojos. Para parpadear y darte cuenta que ya no te atrae más, si es que algún día lo hizo realmente.
Ahí estaba yo, velando su sueño perdido en un mar de alcohol, en medio de la noche sin saber que hacer.
Cuando quería levantarme de ahí, simplemente decía mi nombre, seguido de un no te vayas. ¿Aquel hombre realmente estaba dormido?
Llegue a la conclusión de que sí, podía oír su respiración, un poco agitada para mi gusto y sus leves ronquidos delataban cansancio.
Pero simplemente ese hombre dormía con miedo, miedo de perderme, aunque nunca me tuvo. Miedo de si mismo, de sus sentimientos, de la vida.
Antes del amanecer, cuando salí del ensimismamiento, me levante, vi el reloj, pero lo que llamó mi atención fue aquella mesita de noche en donde se encontraba: desgastada, descuida, quizás como su corazón.
Desde que él se quedó dormido, llevaba tres horas pensando en todo, en él, en mí, en lo cruel de la atracción, que así como viene puede irse de un momento a otro.
Estaba apunto de pararme de aquella cama individual, cuando su mano toco mi brazo. No dije nada -no te vayas, reiteró. Seguido de mi silencio, añadió:
-Te quiero, pero no estoy dispuesto a entrar en un mar de dudas, tus estúpidas dudas, quédate conmigo o vete, pero no voy a entrar en ese infierno.-
Simplemente me fui. No tuve el valor para decir nada, no tuve la valía para decirle que no era mi mar de dudas, que tenía la certeza, la amarga certeza de que me gustaba alguien, que quería estar con esa persona, pero que ese alguien no era él… sino su hermano.
Iban a dar las cinco de la mañana cuando me dirigí a mi casa, no llame a un taxi, él no me siguió y no quería que lo hiciera. Quería estar sola, pensar… Así que decidí irme caminando a casa, sin medir el peligro, sin que me importará.
Me reprochaba el hecho de haber acudido a su llamado, solo para oír lo que ya sabía pero no quería escuchar de su boca. Te quiero, dijo. No podía sacarme aquellas palabras de la cabeza, me sentía culpable, me confesó cosas que no quería escuchar.
Cuando me llamó cerca de la media noche tenía insomnio, estaba acurrucada en mi sofá, y él se escuchaba alegre. No pensé que las cosas terminarían así. Fue una idiotez haber ido a su casa; una idiotez de esas de las que no aprendo.
Al principio todo estaba bien, platicamos, reímos… Me contó que venia de una fiesta, pero que se aburrió y quería verme. Lo pase por alto.
Entre risas, platicas y juegos intentó besarme. Lo evadí, le dije que ya estaba ebrio. Me miro el trasero y me dijo que estaba «sabroso».
-Eres un descarado, contesté.
Se mordió los labios y lo siguió viendo mientras yo preparada algo de cenar, me incomode, no me gustaba y se lo aclare.
-¿Por qué?, preguntó.
-Simplemente no me gusta, no lo hagas.
Pero mis pensamientos se dirigían hacia unos ojos negros, 1.70 de estatura, barba tupida y un ser increíblemente intelectual, con tatuajes por muchas partes de su cuerpo, aunque no estaba segura de haberlos vistos todos.

Capítulo 5. -El final.

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No me tomo mucho tiempo darme cuenta que él era la clase de persona que nunca se quedaría. Sin embargo, cada paso que daba me arrojaba a sus brazos, incluso cuando él los mantenía cerrados para mí.
Era cansado.
Estar cerca de él dolía, pero alejarme lo hacía más, así que me mantuve en espera, masoquistamente, viendo el pasar de los días y sintiendo el pesar de su intermitencia.
Con cada día, con cada caricia, con cada momento a su lado, sin querer ni buscarlo creé lazos, convertí el compañerismo en dilección, en cariño, en admiración.
Mi error.
Nunca me engaño y yo siempre lo supe, esperar a que el volteara a verme sólo me haría daño pero me mantuve.
Pero tampoco se sinceró, me tomaba de la mano y me acurrucaba dulcemente entre sus brazos abriendo las puertas a cualquier interpretación.
Fue así que terminé confundida: cuando estaba decidida a evitarlo volvía a mí, sus labios rosaban los míos y sus manos erizaban mi piel, olvidaba todo, era feliz hasta que de nuevo se iba sin dar alguna explicación.
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Sus vaivenes desestabilizaban mi estado de ánimo, pero no mi decisión. Estaba dispuesta a esperar el tiempo que fuera necesario. Creía que si era paciente podría llegar a su corazón; confiaba en que mis sentimientos podrían alcanzarlo, mas nunca pasó.
Por un momento fluctué entre la elección y el arrepentimiento, entre la burla y la franca hostilidad. No me quedó más que callar sospechas y ocultarlas entre miradas de temor y reproche.
No dije nada.
¿Qué podía pedir?
¿Qué podía hacer?
¿Qué podría expresar?
Ese hombre no me quería y yo tenía que entender.
A veces me martirizaba pensando en que había sido usada y otras tantas pasaba del llanto a la risa imaginando lo ridícula que parecía.
adult-1869541_960_720En la ocasión menos pensada me dí cuenta que me gustaba y sin mucha resistencia me deje ir y me entregue.
Descubrí lo mucho que me atraía y seducía su risa, la forma de su cabello, las variaciones en sus gestos, lo complejo e interesante de sus pensamientos, su mal humor e incluso su humor negro, su carácter fuerte, el color de su piel, sus tatuajes, su descaro, la manera en que mordía sus labios… un sinfín de defectos y bondades.
Me tenía embelesada.
Definitivamente me gustaba y sobre todo lo respetaba.
Mas nunca supe cómo me veían sus ojos, ni si quiera si me veían.
Las cosas pasaron tan rápido entre nosotros, que no me detuve a pensar en que estaba haciendo y me deje llevar, sin saber de su vida, sin que le interesará la mía, ignorando la verdad.
Hasta que la incertidumbre y la evidencia me rebasaron y ante su ausencia asumí que fui el pasatiempo, la segunda opción, el juguete y nada más.
Así estuve un tiempo hecha una idiota y esperando cosas que sabía que no iban a pasar.
Llegó mi momento de decidir y ya no podía más. Tomé la decisión de irme y abandone cualquier esperanza de que él mirara hacía mí.read-369040_960_720
Me marche sin ser echada de menos, pero con la convicción de que pasara lo que pasara no daría un paso atrás.
A estas alturas estaba llena de desesperanza, entendí que desear que él me quisiera era tan inútil como esperar que nevara en esta árida ciudad.
Tardíamente elegí el final.

Mi secreto peor guardado

Poescritos

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Eres mi secreto peor guardado a la una de la madrugada
cuando el insomnio ronda por mi cama y te pienso.
A las dos de la mañana cuando una llamada tuya me levanta
y te anhelo.
Mi secreto peor guardado a las tres de la mañana cuando
por azares del destino o precisión de mi camino coincidimos,
y te miro y te deseo.
Mis ojos me delatan, mis manos tratan de acariciarte y los
roces accidentales de nuestra piel traicionan mis soliloquios matinales.He jurado ignorarte más de una vez. Sin embargo,
en contradicción como suelo hacer, aquí estás tú de nuevo.
A veces cerca, a veces lejos.
En ocasiones acosándome por las noches
o en el día apoderándote de mis pensamientos.
Encerrándome en ellos en un monologo de ti.
Créeme cuando te digo que eres mi secreto peor
guardado hasta en mis sueños, en ellos me delato:
te digo, lo grito, te tengo…
Mi secreto peor guardado cuando me preguntan por ti
y les platico.
Cuando ella me pregunta si me gustas
y sin titubear se lo confirmo.
Cuando me conformo con fragmentos de ti
y aun así sonrío.
Mi secreto peor guardado cuando llega la hora de la cena
y te añoro, y te llamo y te solicito.
Cuando mi risa desvanece.
Cuando te marchas.
Cuando lo ignoras.
Cuando lo sabes.
Cuando eres un imbécil.
Eres mi secreto peor guardado cuando eres un egoísta y
quiero llorar pero no puedo.
Mi secreto peor guardado cuando rompo en gimoteos.
Cuando mis suspiros me llevan a ti.
Cuando prometo no volver a hablarte.
Cuando me preguntan que tengo.
Cuando mi amiga te odia hasta morir.
A las seis de la tarde cuando no te veo.
A las 10 de la noche cuando te escribo.
A media noche cuando te espero.
En los minutos siguientes cuando no llegas.
En las reiteradas ocasiones en las que sólo juegas… conmigo.
Desde el momento que “lo nuestro” se volvió clandestino.
Eres mi secreto peor guardado cuando nadie debería
saber de ti, pero lo hacen.
Eres mi secreto a voces.
Mi suplicio.
Mi “ya lo quiero”.
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Capítulo 5 -Siendo fuerte

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Sabía que se iría, no tenía duda.
Aún así me aferraba a sus brazos, a sus labios, a su cuerpo.
Quería disfrutar cada momento a su lado: me gustaba observar su rostro, ver su cara de felicidad, de enojo o su tristeza disimulada.
Tenía muchas cosas que decir, sin embargo callaba.
Pude haber dado el primer paso y correr lejos pero me quedé. Creo que siempre he luchado por las causas pérdidas… como él.
El dolor era inminente mas no me acobardé.
Fue así que le dedique mis anhelos, mis suspiros, mis ansias y el deseo.
Fue así que me conformé con sus nulas caricias, la frialdad de sus ojos y sus sonrisas dormidas.
A veces me engañaba y fantaseaba muy lejos, nos veía progresar  y sonreír.
Sin embargo él no podría quererme, siempre lo supe pero fingí.
Y a pesar de que sus vaivenes muchas veces me hacían sentir fatal, le dediqué mi tiempo, lo llené de besos, a su ritmo, al compás de sus caprichos, sin tambalear.
Ese hombre era un egoísta y nada más podía hacer.
Y aunque estaba mal, yo estaba ahí sin ser llamada, siendo fuerte, esperando su partida o alguna novedad… Yo ya lo quería, esa era mi desafortunada verdad.

Mi nada

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Eres mi nada oculto en el pensamiento distante, mi pudo ser en mis noches de desvelo, mi confusión en aquel suspiro ciego… Eres ese beso que no debió de haber sucedido, eres mi anhelo ya perdido, eres mi espera, la añoranza, mi desesperanza. Eres mi «lo prefiero como amigo» (a no tenerle). Eres silencio. Ese silencio.
Eres este escrito, cada palabra, cada pausa, cada punto, cada letra… Cada búsqueda al pronunciarte, recordarte. Eres desconcierto, eres mis nervios, eres decisión y olvido… Eres lo que nunca fuiste, y lo que nunca sera; eres tuyo, quizás suyo pero no mío. Hombre lejano, momentáneo, amigo, salvaje cuando puedes, caballero, inteligente… Fuiste un día un beso, ahora eres ausencia, miedo, distancia, mi absurdo, mi «¿qué hice mal?», eres eso, pero no más.

Desolación

Poescritos

 Reflejos de una noche sin luna
Flagelo del destino
Tormentoso camino sin recuerdos
Pasa la vida sin dar tiempo ni prórroga
Busco culpables entre las calles ya desoladas
Camino sin sentido
La rabia ciega la razón y grito
Maldigo
Sollozo
Cierro los ojos
Respiro
Caigo
Cuando despierto yazgo entre las sombras
Etérea
Sin sentido
Sin fuerzas
Me olvido

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Alguna vez nuestros caminos se cruzaron.
Eramos dos críos: tu dolido de amor, yo buscando el mío. Claramente no funciono.
Compartimos efímeros momentos que nos llevaron a pensar en un nosotros, pero a destiempo.
Nos quisimos sin coincidir.
Y así fuimos y venimos en medio de la indecisión, entre el orgullo y el temor.
Tal vez fue demasiado tarde o quizá demasiado pronto.
Nos dijimos adiós en silencio. No buscamos otra opción.
Un sentimiento sin emoción o tal vez a la inversa, no supimos.
Un día nos encontramos en medio de una intersección y nuestros pasos avanzaron en direcciones diferentes, lejanas, opuestas.
Hasta que hallarte de nuevo en otro lugar, con otra gente y otro tiempo removió mis sentimientos… Pero sin derecho.
Así estaba.
Sin derecho a verte, a pensarte o a tenerte.
No tenía derecho y ni siquiera lo anhelaría.
Ambos labramos nuestros caminos y el peso de mis decisiones me alejaron de ti, sin remedio. Y tú escogiste sin titubear tu destino, sin mí, cada vez más lejos…
En lo particular no sé si me arrepiento, pero fueron mis elecciones y como tal asumí las consecuencias, mas aún sigo sin poder decirlo y algunas veces me cuesta dormir.
Por ello intente borrar cualquier camino que me llevara hacia ti, no quería darte explicaciones, no tenía la mínima intención de tener que sufrir.
Pero fue en vano.
Al pasar de los años, cuando crees que todo está en el pasado, el destino tiene una manera muy canija de recordar cada «error».
Así fue que te vi, sonreías ampliamente y el peso de tu mirada me provoco querer huir.
Pero en realidad no veías a hacia donde estaba yo.
Sentí alivio.
Deseaba abrazarte, jugar con tu pelo, tocar tu cara y de repente pensé en darte un beso.
Pero, ¿con qué cara?
Tu amor me estaba prohibido, era mi castigó, mi flagelo, mi tormento bien merecido.
No es que fueras un santo, eso lo sé. Pero yo no debía juzgarte ni hablar por ti. Yo no podía pararme frente a tus ojos y fingir, aunque lo obviaras.
Por eso me fui de ese lugar antes de que me notaras, me marche sin la intención de volver a verte.
Y poco a poco el sonido de tu voz fue disminuyendo conforme avanzaba hacia la salida, sin posibilidad de regreso. Por aquello, por eso, por… Sin ningún derecho.
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Te maté. Le mataron

Poescritos

¿Recuerdas las incontables ocasiones en que fingí tu muerte? Negar tu existencia ya no servía.
¿Alcanzaste a leer la carta donde te describía a detalle lo fácil que era para mí? Ansiaba verte a los ojos y que te doliera.
Justo un año atrás… ¿Lo supiste?
La gente me preguntaba por ti y se me fue haciendo costumbre decir que habías muerto. Justo así de rápido como se aprenden los malos hábitos.
Se acababan las preguntas y yo disfrutaba ver la cara de aflicción que ponía mi interlocutor.
«Yo ganaba… Me volvía sádica».
Disfrutaba del dolor ajeno mientras ignoraba el mío, ese que permanecía imperceptible pero al final de cuentas estaba ahí.
¿Recuerdas nuestra primera vez juntos?
Casi me echo a llorar. Pero me aguante como lo «machito» que soy.
Tome agua hasta reventar mientras me informaban de tu llegada inesperada.
Nadie me dijo ni me pregunto si yo quería, pero algo me arrastro hacía ti, por inercia, sin razón.
Nos conocimos.
Ambos cautelosos: Yo a la defensiva, tú curioso.
Después de eso puedo enumerar perfectamente las veces que nos vimos. Recuerdo a detalle cada uno de nuestros momentos. Nuestros.
La cena. El regalo. La comida. El pescado. El viaje. El viejo. Tus parientes. Mis celos. El puente. Los bordados. La bolsa que aún conservo a mi lado…
Cuando me fui, sabía que no quería volver a verte. No me pertenecías y yo era demasiado «niña» para entenderte.
Antes, no podía anhelar lo que desconocía. Pero ahora no quería extrañar a quien no lo merecía.
Por eso no volví, por eso no te busque. Por eso mismito te asesine. Ya no quería sentirme aludida.
Y mira que a mi no me gusta mentir… Pero fue una elección piadosa, mi escapada, mi victoria. Mas resulto que al final de cuentas no lo hice, no mentí.
Hace poco rebuscando mis raíces y labrando de paso un nuevo camino hacia a ti me lo han dicho y también que a menudo preguntabas por mí.
«¿Como está la niña?» solías decir.
¿Alguna vez me llamaste hija?
Deveras que algunas veces desee verte sufrir, sin embargo ahora el dolor me atormenta a mí.
Hace un año en el imaginario yo te maté y resulta que en esa fecha en realidad te mataron.
Sin saberlo, dime padre, ¡¿de verdad lo he provocado?!
Cuidado con lo que deseas, me habían sentenciado.

fobias

Limbo

Poescritos
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No estoy ni aquí ni allá.
Vago por el desierto de la perpetua noche donde el silencio es desgarrador y los gritos ahogados luchan por salir en todo su esplendor.
Las lagrimas se secan antes de escabullirse entre mis ojos pero el sentimiento indeleble permanece ahí.
Es desgarrador.
Cansancio y soledad.
Desperté un domingo y me entere que el tiempo se había detenido. Ya no es mas hoy. Ya no existe el ayer.
El futuro se siente lejano y la promesa de prominentes sonrisas se empieza a desvanecer.
El olvido cobra fuerza y en medio de la oscuridad cuando la nada se apodera de mi ser me esfuerzo por desaparecer.
Pero sigo aquí, en un lugar sin anhelos, donde me encontré sin saber el porqué.
Triste memoria que se tambalea entre los vaivenes de la ausencia y la esperanza ya perdida de ver de nuevo el amanecer.

¿Por qué una mujer no supera a su ex?

Poescritos

¿Por qué no puede olvidar a ese hombre? Ese al que tanto amo, con el que compartió momentos maravillosos pero también tormentosos.

Ciertamente no lo sé. Cada fémina es diferente, cada quien sufre a su manera, cada quien vive a su estilo y se hace daño como mejor le resulta.

Lo cierto es, que podría ser, que no lo supera porque no se ha detenido a vivir el presente y constantemente piensa en el futuro, en ese que ya no existirá; en los planes fallidos; en las experiencias perdidas…

Y sobre todo, no dejan de rondar por su mente las típicas preguntas:

¿En que falle? ¿Por qué no me quiere? ¿Qué tengo de malo? Si le di todo, ¿por qué me dejo? Y entre muchos problemas consigo misma, algunas veces el meollo del asunto se reduce a uno importante: su autoestima.

En lugar de lamentarse y vivir de lo que fue y lo que pudo haber sido. Debería de cuestionarse: ¿Por qué no me quiero? ¿Por qué me cuesta tanto seguir adelante? ¿ En realidad era amor?

No está mal sufrir por alguien, al final de cuentas cuando depositas tus ilusiones en una persona y te dejas llevar por las emociones es natural que salgas herido si las cosas no salen bien. Pero, por qué atar nuestra vida a un dolor, que aunque no se crea, es temporal.

Tu corazón «esta herido», tu orgullo también. Sí, aunque a veces se niegue. Si te preguntas. ¿ que hice mal, porque me dejo? Justo cuando creías que estabas haciendo las cosas bien, déjame decirte que una parte de tu orgullo esta herido.

Deja de creer que eres imperfecta, simplemente no son compatibles y a veces es mejor soltar algo que es dañino para ti (o ambos), que aferrarse a una relación que a largo plazo sólo va a causar mucho daño.

Si te dejo, si se dejaron, tomate tu tiempo. Invierte en ti, en ser una mejor persona, seguir tus metas, cumplir tus sueños, en hacer lo que te hace feliz. Muchas veces estar sólo está bien, y es importante amarse a si mismo y gustarse para ser capaz de dar y demostrar un amor sano a los demás.

Hay que recordar que un fracaso es una oportunidad de aprender, darse un tiempo, reconocer lo que se hizo mal, una oportunidad para mejorar, levantarse y avanzar.

Lo que yo escribo aquí, no es una ley, pero si una realidad para muchas e incluso muchos. ¿Por qué no lo superas? Analizalo, piénsalo, resumelo, pero al final de cuentas tu tienes la decisión, por muy difícil que sea.

Elige ser feliz, a tu manera, sin lastimar a los demás, pero eligelo, sanate, si ya te estancaste un tiempo, llegó la hora de determinarse y avanzar.