Te río, sin olvidarte, sobre todo cuando los recuerdos aprietan este corazón cansado de pensarte, por la paradoja que significa extrañarte.
Te río, incontablemente, con mis gemidos, con mis suspiros, con cada sonido que sale de esta boca que no sabe más que pronunciarte.
Te río incluso más que en los momentos a tu lado, por ser parte de mi pasado, por el disfrute de tus abrazos, -aunque ya no más-.
¿Me ríes?
Autor: Laura Vego
Te pienso y no
PoescritosEn mi habitación tengo una libra de lo mucho que me ha dado por pensarte, la prueba irrefutable de que te quedaste en mí, susurros que no paran de nombrarte, y repudiarte, en algunas ocasiones.
En la sala de estar te dibujo con mis manos, pero antes de contornear tu cabello castaño, te asustas y te vas, porque no estás listo, porque no pensamos igual, porque qué sé yo de no sé qué, ¿porque no soy lo suficiente… para ti?.
No te sigo, la luz se muere en un instante y me quedo entre las sombras, pasmada entre las opciones que me dejas, que no me gustan, pero que no me atrevo a refutar porque no voy a pedirte que te quedes -me lo repito una y otra vez, casi logro convencerme (por completo esta vez)-.
En los días de olvido, te apareces en mis sueños y no dices nada, justo como ahora, y me quedo viendote, suprimiendo el deseo de arrojarme a tus brazos, errando en mis intentos de descifrarte, continuando firme en mi idea de no cambiarte.
Así es como estás y no, como te pienso y no, como te quiero y no, como te vas y no… como me miento y sí.
No te culpo, quisiera decírtelo, pero la distancia me ha vuelto cobarde. Mis dedos tiemblan cuando piensan en escribir «ven, te necesito, ¿no importa que sea tarde?».
En noches como hoy te dejo una pista de lo que me has hecho, escribo cada letra con miedo de asustarte, me plasmo en unos versos con el deseo de encontrarte. Te recito sin decir tu nombre para que sospeches, pero no tengas la certeza de si he llegado a amarte, -porque ni yo lo no sé-.
Funeral
PoescritosEstaba en ese lugar rodeado de gente y comida nauseabunda, padeciendo un dolor que no era mío, pero que por cargas que aún no comprendo sentía como propio.
Mis lágrimas amenazaban continuamente con abandonar mi cuerpo, y me preguntaba si lo que realmente querían era una excusa para escapar de mí y ser libres, de la cárcel que mi carne les representaba.
Sin embargo, aún alcanzaba a detenerlas, no quería consentir el libertinaje; en su lugar, repartí suspiros a diestra y siniestra, mientras me desdodablaba de mí en un viento imaginario que solo asentía y recitaba en susurros apenas audibles «sí, así también me siento».
Al menos mi otro yo lo sabía.
La original, sí es que la hay, decidía sólo viajar lejos para escapar de su pensamiento, dejándome a mí sentir el tormento inmemorial de la existencia.
El amor
Poescritos
Podía enfrentar muchas cosas, soportar algunas e ignorar otras, menos una: el amor.
El amor, debilidad para los guerreros, elixir de vida para los sedientos y un golpe al corazón para los desteñidos.
Actúa como pócima mortal para los relegados, los no correspondidos. Y yo lo era.
No podía luchar contra su figura, su recuerdo, su vida más allá del tiempo y lo conocido.
No debía anhelar un amor que no era mío, ni ternura donde sólo había pasión.
Yo era una cobarde con tintes de valiente que eligió hacer lo que muy pocos harían cuando están cegados por la ilusión: desertar.
Ambigua y llana solución, no había más. Así como nunca lo hubo entre nosotros, ningún futuro, ningún te quiero, ninguna opción.
Postday
PoescritosEl día después de mis sentimientos encontrados interrumpo esta ilusión caduca que sólo me ha lastimado.
El día después de que nuestros cuerpos cesaron esta batalla violenta donde fuiste vencedor y mi orgasmo no nato se ha desvanecido estoy lista para hacer el recuento de los daños.
Un día después estoy huyendo de ti y de mi, forzando a estas lágrimas a salir pero no puedo. Estoy en el umbral del desbocamiento y la dureza, aunque sé que lo que llegue primero no será placentero.
Un día después estoy con una botella de agua tomándome los silencios y la soledad que me has dejado.
Un día después rezo olvidó pero al parecer Dios ni está conmigo.
Un día después me trago los reproches sobre mi mano, y ya nada queda más que cabizbajos.
Un día después, no a tiempo, ni antes, sino después, estoy lamentando el haberte conocido y me pregunto ¿Ya para qué? ¿Qué es lo que he sido?
En días como hoy
A flor de piel, PoescritosEn días como hoy me cansa sentirme insuficiente para las personas que me agradan, sobre todo para las personas que quiero.
En días como hoy planeo dejarlo todo en la chingada y no mirar atrás, sin explicaciones.
En días como hoy me siento de la mierda y no para de culparme, por ser como soy, por alejarlos a todos, incluso a mi madre.
¿Para que siguen esperando?
Ni yo quiero quedarme.
En días como hoy quiero llorar pero nada sale, estoy repleta de vacíos incontables.
Miro al techo, en busca de un milagro pero sé que es una perdida de tiempo.
En días como hoy sólo cierro los ojos, hago recuento de los daños y continuó, en la promesa de no volver jamás.
Tener miedo no es normal
A flor de piel, PoescritosA mi madre
Tengo miedo de vivir en un mundo donde lo normal es tener miedo.
Dónde tengo que cuidar lo que me pongo, la forma en que me expreso y desconfiar de todas las personas a las que recién conozco.
Es abrumador caminar con desconfianza ya sea por el día o por la noche, aguantar piropos callejeros que no quiero ni pido recibir, las miradas lascivas si llevo ropa corta o ajustada, leer noticias de chicas desaparecidas o halladas muertas que dejan una imborrable estela de dolor, (y en dónde a muchas se les culpa de lo sucedido).
Cualquiera puede ser la siguiente. Nunca jamás nada justificará un acto como éste, entre muchos otros.
Estoy cansada de vivir con miedo, de la paranoia instalándose en cada parte de mi cuerpo. Tengo tanto miedo de vivir así, de morir así.
Pánico de que algo pueda pasarme trayendo la desgracia a mi familia. Esa idea es la que más me duele.
Por eso le he dicho a mi madre que si algo pasa siga adelante. Sin embargo, sé que no lo hará, que una situación así puede destruirla como ha destruido a otros padres, otras familias. Lamento tener que lamentarlo. Imaginar un futuro así me desgarra.
«Sé feliz porque es lo que yo querría», le repito, y es lo que quiero, que nada opaque sus discretas sonrisas, pero Dios, mi deseo primitivo es que ella no tuviera que escuchar algo así, que no viviera con la angustia de que algo pueda pasarme, pasarnos. Qué ningún padre, madre, hermanos, hijos u otra parentela tuviera que despedirse… por si acaso.
Hombre o mujer, ya no nos sentimos seguros. Y que sea «normal» es lo que más debería de asustarnos.
«Avísame cuando llegues». «¿En qué taxi vas?». «Mándame tu ubicación en tiempo real». «No salgas sólo». «Ten cuidado con quién hablas». Son algunas frases que no paramos de repetir, son sentencias que se llevan un pedacito de nuestra alma».
Tenemos miedo y no, no es normal. Ojalá pudieramos hacer algo para cambiarlo, de inmediato.
A la espera
A flor de piel, PoescritosTe espero cinco minutos menos ansiosa que ayer
en el mismo lugar donde esta vez no hemos quedado
sentada en la misma silla que me dejaba indefensa ante tu mirada.
En esta ocasión tomo café con una buena dosis de melancolía
la infusión de frutos rojos de la última tarde ha quedado rezagada
junto con la sensación de felicidad de estar a tu lado.
Hoy no estás, en cambio me acompañan los reproches y las dudas
la magia desvaneciéndose en cada recuerdo del nosotros que nunca fuimos.
Ojalá pudiera quedarme algo más que anhelo, pero nunca fuiste mío.
Mía fue la ensoñación del tiempo compartido, de las pláticas inolvidables
y el deseo de repetir el buen sexo que me dejó sin aliento.
Mío es el recuerdo de tus ojos glaucos acariciándome la piel,
de tus dedos surcando mi cara, de mis labios mojándose en tu nombre.
Mía es la idealización de tu sonrisa, de tu cara, de tu cuerpo,
de tus emociones que me mantienen atrapada y no me dejan partir de ti.
Te espero, sí, no sé por qué, ni por cuánto tiempo a la deriva
pero también me estoy forzando a no hacerlo más.
(Sé que en nada de esto hay sentido, por eso no hago más que esperar).
Entiendo que te vayas
PoescritosTampoco me quedaría.
Aquí no hay silencios ni calma.
Existen sonrisas que se esfuman
con el menor de los daños.
Desorden y mugre que amenazan
con cubrirlo todo, inminentemente.
(Salvate).
Heridas que no sanan.
Odio y amargura enraizados a mi cuerpo.
Ni yo puedo comprenderlo.
Ojalá pudiera deshacerme de ello,
del origen de la mala suerte,
del ente lastimero que habita mi alma.
Entiendo que te vayas,
Si pudiera desprenderme de mi
misma también lo haría.
Envidio un poco tu suerte.
Eres libre, jamás regreses, creeme,
no vale la pena, la confusión, ni las risas, ni las lágrimas.
(Entiendo que te vayas,
por ello, pese a mis deseos,
jamás te pediría que te quedaras).
A un corazón
A flor de piel“En sus ojos se veía una infinita tristeza”
Todos estaban ciegos.
Nunca he logrado llegar a un corazón
si acaso he sido la mancha deleble
con la más débil llovizna.
He sido la amiga de segunda y de tercera
que se olvida con el paso de los daños y los años.
La mujer con fecha de expiración
insistente, intensa, impulsiva
“hasta llegar a un grado enfermizo”
con un uso desconocido determinado:
el que quieras darle.
La del carácter de mierda.
(Lo siento, pido perdón a esos corazones
para los que mi amor egoísta no bastó,
para los que mi sinceridad, rayando en el cinismo, lastimó.
Ojalá yo pudiera perdonarme).
Nunca he logrado penetrar un corazón
He sido la amante temporal que impresiona
con sus caderas y la más ingenua sonrisa
Pero ¿es que piensan que acaso no siento?
¿Qué es lo que queda?
Ni yo lo sé.
Me he buscado tanto en el reflejo del otro
que me he más que perdido.
Los fragmentos de mi existencia
ya no significan nada
si es que un día lo hicieron.
(Lo siento por los malos entendidos
y las señales equivocadas,
por abrigarme en el frío y permanecer
en los lugares en deconstrucción
es mi fallo, jamás supe de donde tomé el hábito).
Nunca he logrado quedarme en un corazón
y el dolor de descubrirlo fue inescrutable
Así, me deshice de mis anhelos y deseos
antes de que éstos acabaran conmigo.
Me aleje del ruido y me negué a mí misma.
No podía soportarlo, era aterrador.
Jamás nunca, he logrado permanecer
en un corazón, ni afectarlo con la más leve brisa.
En absoluto me he quedado en alguien, ni alguien
se ha quedado conmigo, ni yo, ni ella, ni él.
(Perdón, ojalá tuviera algo de valor para darles,
para decirles, para mostrarles…).
Aunque muera de ganas
PoescritosNo voy a pedirte que te quedes
ni voy a hablar de lo mucho que me encanta tu sonrisa
tampoco voy a mencionar el color de tus ojos
menos voy a decirte que tus manos son mis favoritas
No voy a escribir un poema para convencerte de que me compartas tus días
ni voy a confesar que esa noche fue de las mejores de mi vida
no lo haré
He aprendido a desprenderme
a quedarme con los recuerdos y no en ellos
porque me gustas en tu entereza y la libertad de tus palabras
porque en equinoccio te acepte por quien eres
nada me debes y nada te exijo
No voy a pedirte que te quedes, aunque una parte de mí muera de ganas.
Mala
PoescritosMe culpaba de mi falta de afecto, como si los sentimientos se dieran en los árboles (y de todas maneras ni árboles quedan muchos).
Así, él anhelaba que cumpliera su deseo y me lanzará a sus brazos sin chistar palabra, como si yo fuese adivina y mujer de dudosa dignidad; pero jamás se dió a la tarea de realmente conocer mis sentimientos.
Yo sí lo quería.
Hubo una vez que mis ojos no miraban en otra dirección más que la suya, ¿y que hizo él?
Me arrojó al olvido por tiempo indefinido, hasta que su amorío resultó en un fracaso.
Fue entonces que labró el camino de regreso hacia a mí, en busca de no sé qué. Ya era tarde. Me juré que jamás volvería a verlo con la misma intensidad. Y así lo he cumplido.
Esa es mi gran culpa, ese es el porqué de nuevo se aleja y continuamos con este huir y venir, repitiendo el ciclo: se acerca a tientas, en silencio, a la espera, en medio de la nada, y al encontrar mis manos en lugar de mis labios… se va, busca otra piel en la cuál depositar su afecto malherido, su inseguridad y esa atracción que no sabe cómo llamar.
Y yo soy la mala, ¿soy la mala? como si de verdad fuera una mujer que no sintiera. Me he equivocado, sin duda, aún así antes lo quise como él a mí pero nunca se dio cuenta o no quiso hacerlo. Yo quería su alma, y tal vez el sólo deseaba cosas que mi cuerpo no era capaz de darle, quizá por eso nunca dijo nada.
Ahora, de nuevo, se va. Como si yo no sintiera. Se va encandilado por otros ojos bonitos. No lo culpo. Sin embargo, no espero que vuelva. Él ya no espera. Sé que tras cada huida estamos más lejos, y las distancias que no son físicas son las más difíciles de superar. Estamos equidistantes, heridos cada quien a su manera.
Yo lo quiero. Sólo que ya no puedo hacerlo como antes, no tras abandonarme justo cuando más lo esperaba. Jamás lo supo, quizá por eso es que no importa lo que yo siento, tal vez por eso no importan si mis heridas no sanan, quizá por eso le cuenta a sus amigos que yo soy la mala, la egoísta, la que no le tiene afecto, la que no le habla.
Supongo que es mejor así, que todo transcurra sin sentido, como si nada.
